Blog Siglo XXI de Ricardo Rouvier

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Hegemonía y política en la región

Por Ricardo Rouvier • Dec 23rd, 2009 • Categoría: En los medios

PUBLICADO REVISTA PERONISMO Y GENERO – DICIEMBRE DEL 2009

1)     Hegemonía mundial

Hay dos ejes principales que caracterizan el poder mundial que hoy impera en occidente; y que se presenta con suficiente imposición como para ir, paulatinamente, capturando al resto planetario. Estos dos ejes son: un sistema económico caracterizado por el proceso de acumulación capitalista; y un segundo eje; que es la democracia representativa de raíz liberal.

Ambos ejes no se presentaron siempre en forma conjunta. Los países que conformaron el denominado tercer mundo, y en particular A.Latina y el Caribe, fueron testimonios contundentes de la coexistencia de férreas dictaduras con el régimen capitalista de producción. Por el contrario, en general y salvo excepciones, dichos gobiernos de facto eran facilitadores de que las economías de mercado pudieran ver allanado el camino de su énfasis privatista. Esas excepciones se explicaban por la tradición existente entre las FFAA , en particular el ejército, con las empresas del Estado, sobre todo sobre actividades estratégicas vinculadas a la defensa. Prueba de lo que decimos es nuestra propia experiencia. En la gestión de Martínez de Hoz durante la última dictadura se privatizó menos que durante los ´90.

Es posible identificar a la administración Clinton como el momento en que ambos ejes se convierten en condicionales uno del otro en occidente. Países que no tienen tradición democrática liberal como China la economía capitalista avanza a través de enclaves productivos, permaneciendo el discurso oficial en la línea histórica fundada por Mao en 1949. Pero, pueden anticiparse contradicciones, que van a provocar la convivencia entre el Partido Comunista, el Ejército Popular, los procesos de acumulación económica, y el relato fundante del socialismo chino.

Elegimos el título “hegemonía” , en razón de que el dominio no es externo, o fuerza consensos sobre un sometimiento evidente. Sino que hay una captura de la subjetividad colectiva, que constituye la base consensual de la  dominación. Esta realidad, aparece en forma naturalizada, despojándolo de historicidad, como si el devenir hubiera finalizado. Por el contrario, nosotros pensamos que en realidad estas formas hegemónicas, cualitativamente superiores a las anteriores, no evitan las desarticulaciones internas, como las cíclicas crisis económicas, y la aparición de distintas variantes al sistema, dentro del rango de los fundamentos señalados.

Esta hegemonía mundial tiene efectos diferentes en las diversas regiones del mundo. La reproducción capitalista se acelera en los países del Asia. Sin embargo en los países periféricos de A.Latina y el Caribe se registra la ruptura de los bloques históricos acuciados por la globalización por una parte, y la emergencia de sectores sociales demandantes. El tradicional bloque de oligarquías de raíz agraria, Estado y FFAA en A.Latina y el Caribe, se está rompiendo dando paso a otras formaciones de poder que privilegian más la democracia sostenida por una voluntad hacia una mayor igualdad social.

2)     La democracia en A. Latina y el Caribe.

La región de 559 millones de habitantes vive, hoy, una transición excepcional, inimaginable desde la mirada corta de los `90. No hay duda que la realidad emergente política y social tiene que ver con las consecuencias de aquellas políticas neoliberales que sometieron a la región a agravar la inequidad social. El impacto que la hegemonía mundial va provocando en la evolución de las naciones, y la resistencia a la misma, generan un perfil en que Latinoamérica nunca estuvo más cerca de si misma. La crisis económica y social pusieron en evidencia la fuerte debilidad institucional política de la región, y la crisis de la partidocracia, que en muchos países. Los Partidos Políticos se habían esclerosado en su alianza con sectores oligárquicos y burguesías extranacionales. Permitió el acceso legal al poder de élites ajenas a los representados; aunque lo hacían retóricamente en nombre de los pueblos y a favor de su progreso.
El caracazo venezolano de 1989, tuvo que ver con la implosión de estas alianzas y la aparición de Chávez; como así también entre nosotros la crisis del 2001 derivó hacia una alternativa política novedosa como la del kirchnerismo ligada al peronismo. Una ligazón, por otra parte, de alta complejidad que excede al objetivo de esta nota. La reciente reforma política refuerza los procesos de legitimación de los cuales los principales beneficiarios serán los grandes partidos históricos: el P.J. y la UCR.  Pero, esta reforma significa una transformación electoral y de financiamiento de la política, y no constituye una modificación estructural de la actividad política.

Es sabido que vivimos en el continente más desigual   y muy dependiente de la economía global. En los ´90 su situación se agravó durante la imposición del Consenso de Washington, y estimuló la aparición y fortalecimiento, como reacción, de los movimientos sociales que constituyen hoy la base política de varios gobiernos y partidos políticos. Debemos observar de esta manera al PT brasileño, al MAS de Bolivia, al gobierno de  Ecuador; que se despliegan en un tablero regional heterogéneo, pero mucho más integrado.

Hoy conviven en la región diversos modelos sociopolíticos  : se destaca la singularidad de Cuba que expresa la postrimería del socialismo real del siglo XX; y cuyo futuro es posible de ser pensado con la finalización del perverso bloqueo, simultáneamente con la ampliación de la  cooperación internacional y regional, de las que ocurren en el ámbito del ALBA. La experiencia en ciernes que supone el denominado Socialismo del Siglo XXI, y que involucra procesos sociales y culturales muy profundos, en los que sobresale Bolivia; y que integran además Venezuela, Ecuador y Nicaragua. Las transformaciones han llevado a plasmar las mismas en la creación institucional constitucional. Prueba de esta singularidad, es lo que dice el propio Vicepresidente Boliviano cuando caracteriza a la experiencia de su país como “capitalismo andino-amazónico”.

Pero también encontramos experiencias que se parecen más a lo que podríamos denominar con prudencia, socialdemocracia latinoamericana; entre los cuales ubicaríamos a Uruguay, Chile y Brasil. Democracias sostenidas por estructuras partidarias que expresan aún cierta solidez.

Nuestro país, difícil de situar por su excepcionalidad, puede ser ubicado, hoy, dentro de un esquema más cercano a la experiencia de algunos de los países limítrofes; pero con fuerte crisis del esquema de partidos políticos. Dentro de estos países la situación del Pte. Lugo en Paraguay genera temores sobre la gobernabilidad, considerando

Tenemos países más  afines a la hegemonía mundial unipolar; tales como Colombia y Perú. México a pesar de algunas reacciones tibias de acercamiento regional, sigue siendo un país fuertemente influido por EEUU.
En el Caribe, tradicionalmente, el área geográfica más vinculada comercial y políticamente con los EEUU, se han intentado dos experiencias divergentes como la de República Dominicana y Honduras. En esta última el golpe de Estado retrotrae anacrónicamente a la región a experiencias superadas.

Antes de terminar esta parte no podemos dejar de mencionar otro aspecto que “colaboró” con la configuración actual de la región, y es que la administración de Bush (h) omitió cualquier política para A.Latina. Esta distracción del imperio ayudó a que se lograran márgenes de automización que hoy exhiben los gobiernos locales. Esto también se expresa en el lenguaje, en que vuelven a asomar discursos emancipadores y de fuerte identidad nacional y continental.

3)     La unidad regional.

Es justo recordar que fue Perón en el siglo XX quien formuló inauguralmente la cuestión de integración con el tratado ABC de 1953; que configuraba la alianza con Brasil y Chile,  con el fin de crear un bloque con una mayor autonomía en sus decisiones, y que le permitiera estar en mejores condiciones en el hemisferio.  Las tradiciones latinoamericanistas  contaron en el siglo anterior con el peso histórico de Bolívar, Sucre , San Martín y tantos otros que acuñaron el sueño emancipador. Este relato es recuperado desde el discurso, sobre todo, por Chávez en su narrativa de emancipación.

A pesar de su diversidad intrínseca; A.Latina y el Caribe nunca antes, como ahora,  dieran pasos más firmes en la búsqueda de una integración política. A pesar del cuasi fracaso del Mercosur, que termina siendo una unidad aduanera y nada más; los gestos de convivencia son ostensibles y esos gestos se transformaron en compromiso expreso cuando Unasur se reunió para repudiar la rebelión golpista y trágica de Pando en Bolivia en septiembre del 2008. En el 2007, los países de Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia, Uruguay y Paraguay,  firmaron un acuerdo para la constitución del Banco del Sur con el objetivo de lograr autonomía financiera. La creación del tratado de cooperación cuyo nombre es el ALBA de clara inspiración chavista involucra, por ahora, además de Venezuela a Cuba, Nicaragua y Bolivia.  Todos estos intentos de integración se producen sobre las cenizas del ALCA como objetivo regional, aunque los EEUU han privilegiado, en su reemplazo, los tratados bilaterales. Perú, Chile, Centroamérica, República Dominicana, Perú y Colombia.

Estos movimientos auspiciosos hacia la cooperación regional, no se producen sin obstáculos, que surgen de los propios intereses de las naciones en lo que hace a la interrelación comercial; y del acotamiento que producen los problemas estructurales que tiene la región, después de siglos de dependencia. La vulnerabilidad de los jóvenes, de los desocupados, de los analfabetos. Las cuestiones de salud, educación y de migraciones alentadas por la necesidad perentoria de buscar oportunidades, son fuertes condicionamientos a la voluntad reformista de varios gobiernos.

Brasil como potencia regional (novena economía del mundo) aparece como parte de la solución, pero también como parte del problema ;   ya que se expresa con duplicidad en la región, al ser socio local y actor principal en la economía mundial constituye una ventaja por su capacidad productiva y consumidora ; y una dificultad en el balance regional. Brasil es el país de la región que más fuertemente se globaliza tanto a partir de la inversión directa extranjera que recibe, como la que invierte en el exterior de la región; mientras sus exportaciones crecen significativamente.

No obstante, la vinculación de Argentina con Brasil, con todas sus controversias, tiene un valor estratégico. Y han quedado atrás aquellas especulaciones belicistas que se acuñaban en algunos ámbitos cívico militares destinados a convertir al Brasil en una hipótesis de guerra. Por supuesto, que hay aspectos comerciales competitivos entre nosotros; y que nuestro país debe defender sus intereses, pero esto no debe poner en peligro la visión continental de unidad.

4)    El papel de los Partidos Políticos

Los partidos políticos en el mundo occidental están en crisis, y lo están porque lo que realmente está en crisis, es la representación. Los extraordinarios cambios culturales, y sociales, han provocado cambios en el tejido social. En forma insurgente pero pacífica aparecen en el horizonte nuevos sectores sociales levantando banderas de reivindicación. Las mujeres, las comunidades originarias, los grupos ecologistas, los que tienen una orientación sexual no tradicional; etc. Conforman parte del reclamo de la modernidad tardía; en que se pugna por la inclusión, legalización y equiparación con las ciudadanías tradicionales.

Estos cruces transversales irrumpen sobre las viejas topografías del conflicto y el poder.  Los partidos no alcanzan a representar ni a las ciudadanías tradicionales y tampoco a los nuevos emergentes.

La pérdida de legitimidad de los Partidos no es un problema menor, en el esquema de la sociedad actual, ya que no está preparada la sustitución. No podemos afincar en las modalidades que adopta la sociedad civil para auto organizarse, como reemplazo de los Partidos Políticos. Por el momento, no hay forma de que la democracia moderna puedan apoyarse en otras instituciones de representación.

Más arriba mencionamos el resquebrajamiento de los bloques tradicionales de poder en Latinoamérica. Los partidos políticos eran parte de dichos bloques que aseguraban la administración del Estado cuando se alcanzaba el poder político. Durante más de veinte años y con el dominio del neoliberalismo se ha producido el debilitamiento del Estado, al ser ocupado por los estamentos políticos de los partidos de los sectores propietarios ; bajo el estímulo del Banco Mundial y el FMI. El Estado de América Latina fue un claro gendarme de los intereses sectoriales concentrados; y aplicó el monopolio de la fuerza contra los sectores sociales insurgentes que luchaban por reconvertir la situación de franca injusticia y arbitrariedad. En países como Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia; el orden militar se impuso sobre poblaciones indígenas para sofocar sus rebeliones. En cambio, en otros países con otro tipo de textura social e integración, se imponía el bloque a través de golpes de Estado cívico-militares.

Hoy, la presencia de movimientos sociales en algunos países de la región, son constitutivos no solo de identidades culturales, sino también de la conformación o renovación de los partidos políticos. Caso del MAS boliviano, o la Alianza País de Ecuador. En nuestro país, el principal partido que es el P.J., instrumento originario del proyecto transformador del peronismo; sufrió en las últimas décadas diversas experiencias y no evitó en su momento la cooptación del proyecto neoliberal de los ´90. Hoy padece males propios de la crisis de representación, que más arriba hemos mencionado como característica nodal de esta etapa de la relación entre la sociedad civil y la política. Esta ajenidad entre uno y otro término, nos guía en la diferenciación – que supera esta nota – entre el Partido Justicialista y el peronismo – . Manteniendo en este último el mayor acervo de aquella revolución nacional y popular.

Los males propios de la partidocracia, sobre la cual el pensamiento nacional tiene mucho escrito, han sido adquiridos por el P.J. en su desenvolvimiento electoral y como ejercicio del gobierno.   Sobre el P.J. descansa la oportunidad del presente-futuro; o el peligro de una agonía prolongada y el fomento de la política como un juego de élites.

Hay tareas imprescindibles que los Partidos Políticos deben emprender para consolidar y profundizar la democracia que ha cumplido 26 años. Esas tareas están destinadas a religar a la sociedad con sus organizaciones, a abrir las estructuras partidarias a los jóvenes; que son el grupo etáreo más alejado de la política; y a constituirse en la cabeza de aquello que el país necesita y no tiene. Lo que nos falta  es una agenda que supere la coyuntura, y que tenga a la Nación como objetivo central.  Dentro de la cual, no debería faltar una plan de desarrollo económico que es inequívocamente social, y un reforma del Estado para que pueda ser guía y orientador del crecimiento; y no una rémora vinculada a los momentos de fuerte dependencia con los países centrales o con los modelos autoritarios locales.

A. Latina y el Caribe tienen una oportunidad histórica para avanzar hacia la justicia social y para cumplir el sueño integrador de los libertadores. Ambas cosas están indisolublemente unidas.

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