El antidebate
Por Ricardo Rouvier • Nov 22nd, 2009 • Categoría: Insignificancia
Los medios han decidido que en estos días ha ocurrido un debate entre figuras populares del mundo artístico (mejor llamarlo mediático a raíz de las dudas que la textura de este mundo tenga algo que ver con el arte). El tema, en principio: la seguridad. Pero luego, se deslizó hacia otros lugares en el imaginario colectivo. Por ejemplo; la catilinaria de Tinelli no pudo evitar referirse al gobierno como anómalo, imperfecto. El paralenguaje más una palabra dudosa, hizo que Mirtha advirtiera su deseo de que los K se vayan lo antes posible. El problema es que se simuló un debate porque el otro polo fue representado por la Presidenta, que hiciera una referencia indirecta al rechazo de que en la pantalla de TV los pobres lloraran. Luego como una catarata inatajable se sucedieron dimes y directos focalizados con el tema de la inseguridad, cuando aún estaba fresco una víctima más de un problema real: la seguridad de los ciudadanos. En esta última parte intervino el dirigente social D´Elia tratando a Tinelli como gerente de un prostíbulo. En parte de su alocución el dirigente social también utilizó el término “prostibulario”; y es obvio que no es lo mismo decir esto que aquello.
Bueno, humildemente vamos a tratar de despejar la paja del trigo. Primero, un debate es un debate, y no soliloquios frente al movilero de turno (generalmente cholulo de la estrella), sin repreguntar. El debate es diálogo, y el diálogo está congelado en una pantalla en donde un alocutor habla (sea la Presidenta, sea Tinelli o sea mongo aurelio), y nadie le contesta. O le contestan un conjunto colectivo denominado masa o auditorio, que denuncia su carácter pasivo. Lo que dijeron Mirtha, el animador y Susana , no tiene mucha importancia, por ser tan reiterado y superficial. La importancia no está en lo que dice (reacciones emocionales sobre temas que se desconocen) sino quién lo dice. Si el que habla es famoso de los medios, utiliza el cetro que le depara el tiempo comunicacional de una cultura icónica, para asociarse con la opinión pública reforzándola y legitimando lo que todos sospechan en su ignorancia. El problema de inseguridad se arregla con represión.
Pero, nos parece que hace mal la presidenta contestando a Tinelli, porque se desjerarquiza. Y además lo hace peligrosamente jugando de visitante ante una tecnología que Tinelli maneja con habilidad y la presidenta no, que además prescinde de asesores al respecto.
Prueba de lo que decimos es lo que le pasó a D´Elia que se vió encerrado en su juicio, por su propio imitador. El humor, en este caso sarcástico, del programa de TV juega con ventaja sobre cualquiera que compita de visitante en un medio masivo. ¿Vaya si le pasó a De la Rúa ? . Al ponerle humor Tinelli se contradice con su dramatismo anterior, pero nadie se da cuenta, porque el auditorio consume casi todo lo que el conductor le ofrece sin metabolizar nada. Fíjense que decimos casi, porque eso explica los vaivenes del rating que padeció este año el programa.
Otro error fue el de D´Elia que hace tiempo “fue” al programa de Tinelli. Las comillas indican que el dirigente social, acaba de asegurar que no fue al Estudio de Ideas del Sur, sino que una cámara se trasladó a su casa. Entonces, el fue es sin comillas, porque el lugar, adquieren otra referencia a través de que el sitio lo captura la cámara y lo traslada a dónde quiere. En dicha filmación se puede ver y escuchar a D´Elia señalar su satisfacción por la imitación en la serie “Gran Cuñado”. ¡Game Over! diríamos en un lenguaje adolescente.
Es recurrente señalar, que más allá de las virtudes y defectos de nuestra clase media (tiene ambas) que muchos seudorevolucionarios quisieran ajusticiar, estos dichos de D´Elia -por razones que están más allá de lo lingüístico y que son virtudes del dirigente – para los que somos parte del campo popular – afectan los consensos, ya muy deteriorados, del gobierno. Es decir que son pragmáticamente inconvenientes del punto de vista electoral.
Creemos que efectivamente el programa de Tinelli se relaciona con lo prostibulario, que quiere decir que tiene algo que ver con la prostitución; pero eso no significa que sea un lupanar, o que su conductor sea un gigoló. Esta distinción es sutil y también una manera más racional de diferenciar la paja del trigo. Del mismo modo que Mirtha Legrand, Tinelli y Susana y otros expresan la preocupación por la inseguridad de un modo superficial, algunas de las respuestas a tal frivolidad transitan también la simplificación. Sería bueno, que de una manera más profunda, se pudiera contrargumentar que los medios banalizan temas serios; y que los famosos lo son por otras razones y no por su solidez conceptual. Pero, insistimos, que la manera no es con los mismos métodos, aunque en la pantalla aparecen diferenciados a favor de quien domina “el idioma” virtual.
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Muy bueno, Ricardo.
RICARDO MUY BUENO ESTE ARTICULO ME DA BRONCA NO PODER ENCONTRAR ALGO PARA CONTRADECIRTE SALUDOS