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Provocar al peronismo

Por Ricardo Rouvier • Sep 9th, 2009 • Categoría: En los medios

Publicado en Revista Movimiento – Septiembre 2009

El peronismo es un fenómeno político y social extraordinario, pero corre el peligro de refugiarse en su excepcionalidad; por fuera de lo esencial, que no es un decálogo de procedimientos como compendio único, sino que está en la vida misma en forma de cultura.

El peligro reside en que el mito quede congelado en su clausura. La composición principal del relato cumple con los prerrequisitos: un punto fundante de quiebre; el 17 de octubre, un líder transtemporal que construyó en experiencias y textos la racionalidad del movimiento, y una mujer nutricia de pasión emancipatoria; son más que suficientes para instalar un relato histórico, pero no para su vigencia. Para esto último, se necesita del día a día, estar atento a la evolución mundial. Y después están los hombres, que no son dioses aunque lo crean, como actores únicos, siempre en situación de tensión por el poder, por la imposición de un ideal.

Cuando el peronismo es enfatizado en su costado conmemorativo, licua el hecho maldito en un ritual conservador; y es una nostalgia más en el horizonte político nacional, con la ventaja de contar con un relato que se actualiza en el mundo. El peronismo es una anomalía al régimen; pero es mucho más vivaz que los misales de su consagración. Lo que hoy se mantiene como revulsivo es su promesa incumplida. Y no es un revulsivo unidireccional hacia una alteridad exógena, también agita; y sobre todo, la interioridad del propio peronismo.

En los últimos veinte años el peronismo se encarnó en dispares experiencias: una fue el menemismo y otra, actual, el kirchnerismo. Ambas fueron o son consideradas distorsiones al peronismo, formas de su negación, una maldición surgida en su nombre. Pero agrego; en su propio seno; y sino no hubieran crecido.

Si todo eso fuera una impostura, cabría preguntarse con simpleza: ¿dónde estaba el peronismo cuando dichas corrientes se pusieron el disfraz?. ¿Es el peronismo una esfinge pura de toda pureza, un relato quieto, una historiografía de anaqueles ordenados transitada para becarios extranjeros?.

No, el justicialismo no existe fuera de su propia praxis, que da cuenta de las interpretaciones de la situación internacional, nacional y social; que es un registro de las controversias epocales; que encuentra a los peronistas en oficialistas y en oposición. Y este desagregado es tal, que provoca la pesquisa sobre la sutura que une al justicialismo, y ese es su fundamento cultural único para todos: la épica emancipatoria, sus costumbres, su lenguaje, sus rituales. Pero, también sus prácticas cotidianas en lograr, sostener o derribar el poder.

Ahora, si esas experiencias, aparentemente desviadas, ocurrieron en la realidad y se las hizo en nombre del peronismo. ¿Por qué el peronismo no salió a negarlos?. ¿Y si salió a cruzarlos; por qué no pudo evitarlos?. La condena a estas aparentes malformaciones transita mucho más por los cortinados íntimos de la política, a la sazón poco eficaces,  que por la población.

Pienso que ambos fenómenos, o epifenómenos (su entidad está por verse), fueron peronistas y provocadores al mismo tiempo. Provocaron a la estructura marmórea de sus memorias y convocaron la lámpara votiva de sus bases; en donde anida un peronismo al que estamos, recurrentemente, tentados de denominar “verdadero”; so pena de caer en ontologías inútiles.

Desde la muerte de Perón que el justicialismo no ha podido reponer la figura de un jefe político único e indiscutido, por lo tanto, el vértice superior se cortó y el peronismo anda por los caminos de la patria, bifurcándose, contradiciéndose, debilitándose y reviviendo. Pero sería poco serio no advertir que dichas grietas comenzaron con Perón vivo, o mucho más estaban larvadamente en el Perón inicial. Los costados “revolucionarios” y/o “conservadores” estaban inscriptos en el parto; y se animan según coyunturas internacionales y nacionales.

Menem construyó un relato para justificar el giro copernicano, de torcer al peronismo para ponerlo cara a cara con sus verdugos: Rojas, Alsogaray. Ese relato tenía una cuña peronista aparte de la parafernalia oficial; la prevalencia de la política internacional sobre la nacional, Menem quiso continuar al Perón de la concertación del ´73, en su faz moderna, universalista, de capitalismo de última etapa, y puso rumbo hacia el seno del hegemonismo mundial.

Este modelo capturó al P.J. a dirigentes sociales y a gran parte de los ciudadanos; y logró que el menemismo ganara varias elecciones seguidas.

Hubo un aspecto en el menemismo que había quedado desguarnecido, y que algunos dirigentes advirtieron tardíamente. Nada menos que la cuestión social. Por supuesto; que hubo oposición peronista al menemismo; al principio muy débil, pero luego se fue fortaleciendo en línea con la separación de gobierno y sociedad. Y entre las apologías y rechazos a Menem se encontraban grupos genuinamente peronistas; es decir todos eran herederos del multifacético magma justicialista. Pero, la realidad es que el peronismo es tan dependiente de sus prácticas; que el menemismo pasó y murió, sin que haya habido un debate sobre él, sobre el cual haya quedado algún registro.

A partir del desplome político, económico y social del 2001 el pueblo buscaba reparación, gobernabilidad; y apareció Kirchner en una oportunidad, casi sin elección.

Con respecto al kirchnerismo hay algunos puntos comunes y diferencias con la experiencia de los ´90.  También, un gobierno peronista se hizo cargo del país en situación excepcional caracterizado por la crisis. Se había iniciado la recuperación económica a mediados del 2002. Fue una expresión del contra ciclo de los `90. Néstor Kirchner desplegó una política de reformas, algunas más profundas que otras, y otras que no se han producido. Aquí, a contramano del menemismo, el péndulo se inclinó hacia las proximidades de la izquierda. La situación internacional lo favorecía no solo por el fuerte incremento de los precios de los productos de exportación, sino en el repliegue del neoliberalismo y el surgimiento de experiencias reformistas nacionales en Latinoamérica. Se enfatizó la producción nacional y el mercado interno.

El corpus político del  kirchnerismo constituye un collage; está conformado con un conjunto de relatos parciales; algo del primer peronismo; del peronismo tardío de los ´70 que se extendió a la política de derechos humanos, la conformación del primer gabinete y algunas concepciones de lucha de clases que suponen cierta filtración conceptual dentro del kirchnerismo, que se reconoce en la Tendencia setentista. Desde sectores peronistas; de los cuales, varios después se  convertirían al kirchnerismo, se miró con desconfianza a quien venía a sostener la vigencia de la contradicción peronista en el último gobierno de Perón.

Hay aspectos del proceso vigente que son inequívocamente  peronistas. Y también; como en el menemismo omitió o desconoció o eliminó otros que provenían de la misma fuente. Pero, estas ausencias no alcanzan para establecer un veredicto final de no peronista; excepto que el peronismo sea una propuesta reglada, cuya consumación, en realidad, nunca ocurrió. Puede encontrarse, sobre todo en el segundo gobierno de Perón, hechos de la gestión oficial, que eran vividos y sentidos como desvíos. Pero, había un elemento justificador y diferenciador: la presencia del líder estratégico.

Las dos formas: menemismo y kirchnerismo, son modalidades propias de una impronta que tiene un mismo origen, pero que responden a situaciones generales y particulares diferentes. Lo  reconocemos como controversial, debido justamente a la riqueza de esta impronta. Supone un desafío para toda la sociedad, pero sobre todo para el propio peronismo. Y a su vez el peronismo expresa la falta, la promesa que nace de la brecha entre la vida social y la felicidad del pueblo.

A diferencia del menemismo se reconoce que la relación del kirchnerismo con el  peronismo es más compleja por la intersección discursiva que ocurre y los vaivenes producidos desde el 2003. Al apostar a la transversalidad, pareció que el kirchnerismo intentaba, una vez más, superar al peronismo; establecer una nueva síntesis. Pero esto quedó de lado, una vez que la conciencia sobre la eficacia electoral del P.J. evitó toda aventura por afuera. Faltaríamos a la verdad histórica, si en estos 60 años de peronismo fuera la primera vez que vivimos intentos semejantes

Ambas épocas;  una que marcó el fin del Estado Benefactor, y la oportunidad de acelerar el ingreso a la corriente del capitalismo y la  inserción internacional de nuestro país; y la segunda, como necesidad de recuperar gobernabilidad; expresar el fin del ciclo neoliberal, y avanzar en la reparación de una sociedad herida; se las gobernó en nombre del peronismo y carece de sentido discutir sobre la autenticidad de las mismas; pero sí que se constituyeron como desafiantes para el peronismo.

El kirchnerismo expresó la negatividad del menemismo. Lo que acerca mucho más al movimiento a una entidad totalizadora que incluye su tesis y antítesis; cosa que a Perón no lo hubiera sorprendido en su recurrencia.

Claro, sería un error considerar estas experiencias como si fuera un desideratum peronista. Sin embargo, es en el día a día del gobierno, en las políticas de alianzas, en la obcecación sobre la justicia social que el peronismo juega su existencia. Si las diversas caras que anidan en cada acto de un gobierno justicialista le fueran ajenas, el peronismo no existiría. O existiría inmóvil; en un cofre inexpugnable.

La riqueza del peronismo estriba en que expresiones tan distantes como el menemismo y el kirchnerismo, puedan tener su referencia a una cuna compartida. En realidad, el peronismo palpita en las interpelaciones que se producen en su propio seno; y cuando el antiperonismo emerge con el afán de reparar la argentinidad.

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3 Comentarios »

  1. [...] había visto análisis electorales de calidad profesional. Por eso me impresionó encontrar hoy un ensayo breve, profundo y rico sobre el peronismo como una realidad dinámica, y sobre las etapas de Menem y de [...]

  2. bien…Ricardo,una alegria encontrarse “como en casa” en tu blog ,muy bueno el analisis..

  3. Ellos agitaban
    “Ni yanquis, ni marxistas, peronistas”
    Muchachos morochos y fornidos
    Del CdO y la jotaperra.
    Arrojando piedras, palos y balas
    a los de la otra columna Montonera
    Que reclamaba a Perón
    la Patria socialista.
    Perón mientras tanto aclaraba,
    Los peronistas parece que se pelean
    En realidad se reproducen como gatos.
    Pero los gatos salvajes de la derecha
    Se devoraban a los de la izquierda.
    Formaban la Triple A y las bandas
    De la burocracia sindical
    Que a cadenazos y metralla limpia
    Querían acallar los conflictos obreros
    Contra el Pacto Social.
    Los gatos de la orga en cambio
    Jugaban a los pistoleros del ejército popular,
    pensando que el general estaba cercado
    Por el Brujo López Rega
    y la Isabel Martínez
    coreándole al viejo
    “Ay que boludos, ay que boludos,
    nos gobiernan una puta, un Brujo y un cornudo”.
    Y el “hombre del destino”
    peinado a la gomina
    con su sonrisa gardeliana
    Llamaba a “hacer tronar el escarmiento”
    contra los “estupidos, imberbes”
    que pensaban que el movimiento
    tenia que adoptar un rumbo revolucionario
    contra el imperialismo y la oligarquía.
    Los bienpensantes reclamaban cordura
    citando al genio y gorila de Borges:
    “no son ni buenos, ni malos,
    son incorregibles”.
    La gloriosa jotapé que había hecho
    de Perón un mito
    y de la burguesía nacional un aliado,
    cumplía su papel de gato reproductor
    corriendo a cadenazos
    a los muchachos de la izquierda
    que con lucidez les decían
    Perón evita la patria socialista.

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