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Espacio de análisis y diálogo sobre política y cultura

Análisis Reservado 6

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Por el autor • Jul 22nd, 2008 • Categoría: Portada

1.    La derrota anunciada

•    De la manera en que se confundía el diagnóstico y se escandalizaba el cielo con imprecaciones ahistóricas, y desmesuradas, no podía suponerse otras cosa que aguardar una derrota. Inclusive si se hubiera ganado la votación; no hubiera quedado después otra cosa que el sabor amargo de haber perdido.

•    La derrota estaba antes con la paulatina, pero segura sangría de consenso y credibilidad de muchos ciudadanos, inclusive votantes de CFK.

•     En este análisis no vamos a hacer mención en particular sobre el voto de Julio Cobos, porque nos parece que eso nos distraería de los verdaderos factores que hacen al escenario. Cobos fue un emergente de un proceso más complejo y más comprometido con la médula del oficialismo.

•    La derrota proviene de un período más prolongado. Cuando el gobierno decidió  enviar al Congreso la resolución 125, ya aceptaba que no era suficiente con la decisión del Ejecutivo para poner en caja el conflicto.

•    A partir de ahí tenía que rehacer o reafirmar sus alianzas parlamentarias. Estas no alcanzaron para tener una clara ventaja en Diputados y se concluyó el proceso en la pérdida de un voto en Senadores.

•    La defección en la cámara de diputados estuvo en primer lugar en el justicialismo, y radicales K.  En el Senado, fue justicialismo y radicales K.

•    Pero, es indudable que el problema político principal respecto a la acumulación de fuerzas; son el quiebre del P.J., la revitalización de actores tradicionales (conservadores) justicialistas y el debilitamiento de la concertación.

•    El trabajo que viene haciendo E. Duhalde es el de concentrar y contener a los heridos y desencantados  del kichnerismo. Pero no, por ahora, con una intención destituyente, sino preservadora del Justicialismo (más que del gobierno) y su estrecho vínculo con el poder.
Esto quiere decir que si se produjera una crisis institucional, el peronismo operaría como un reaseguro del régimen. Tiende a evitar que la crisis se lleve a todo el justicialismo y este pueda sucederse a si mismo.

•    Es obvio que el proyecto político de Duhalde no es igual al del kirchnerismo. Sin dejar de reconocer al ex presidente su intervención en el 2002 ante la emergencia. Pero, identificamos al duhaldismo como un conservadurismo popular, pero garante de la gobernabilidad.

•    Derogada la resolución, el oficialismo debe rearmar sus bloques en el Congreso, porque han quedado secuelas de la batalla perdida.

Desde el análisis de la relación de fuerzas políticas e ideológicas, ha habido una derrota del progresismo (incluye al peronismo de izquierda) expresado por el gobierno. Nosotros preferimos enunciar primero la derrota del gobierno que mencionar el triunfo de conglomerados que pueden identificarse con la, por ahora, difusa derecha. El ordenamiento en la mención tiene que ver con que creemos que lo que hoy se denomina kirchnerismo alberga sectores (radicales K y justicialistas) que pueden perfectamente asociarse  con esa nueva derecha. Además, porque entendemos que ha habido muchos errores en la conducción del conflicto que se podrían haber evitado.  La popularidad de Néstor Kirchner en su período de gobierno fue inhibitoria para que alguien de la propia tropa pudiera desalinearse y para neutralizar cualquier intento opositor. Esto concluyó en marzo pasado.

•    Existen algunas hipótesis sobre las razones del conflicto que tiene que ver con la confusión (1) de enunciación de los objetivos de la 125.

•    Se pone en marcha el proyecto Lousteau el 11 de marzo, sin predecir sus consecuencias; pero una vez que el campo reacciona trata de comandar el conflicto, darle un contenido ideológico y obtener una reafirmación de la autoridad gubernamental sobre la suposición de una “rendición” del campo ante el gobierno.

•    Es muy posible que en la perspectiva del gobierno debe haber pesado el panorama que los economistas señalaban como aterrizaje suave del fuerte ritmo de la economía nacional.

•    Es decir, crecimiento menor del PBI, inflación, mayor dificultad de sostener los superavits mellizos, el debilitamiento del instrumento tipo de cambio, la apertura de importaciones de productos que se fabrican localmente, la rigidez en la demanda laboral. Todo este panorama de los datos duros de la economía, a los que es   afecto el ex presidente, debe haber incidido en  la “declaración de guerra” del gobierno al campo.

•    Entre las contribuciones e intercambios de la lucha entre el campo y el gobierno; se destaca lo que el gobierno ha entregado enormes espacios de consenso. Gran parte de las expectativas positivas que sectores medios del interior del país tenían por el gobierno de CFK, se han evaporado y cambiaron hacia el múltiple arco ideológico del campo.

•    Entre las virtudes que exhibió el denominado campo representado por la Mesa de Enlace fueron:

a)    Unidad de concepción (no aparecieron, a la vista, diferencias ideológicas marcadas). Es más, hubo un predominio de flujo comunicativo en manos de la entidad más popular: la FAA.

b)    La Sociedad Rural que fue blanco emblemático del kirchnerismo. En realidad fue el más negociador desde el principio del conflicto.

c)    Unidad de comunicación (a pesar de tener diversos voceros y alguno poco disciplinado como De Angelis).

d)    Hubo un inteligente aprovechamiento de los medios que se ofrecieron al actor que aseguraba más “rating”. Además de identificaciones ideológicas. (Ejemplo: diarios Crítica, varios periodistas del grupo Clarín  y el grupo Fontevechia).

El principal motivo de la resolución sería de naturaleza fiscal. Ante la escasez de gasoil, el Gobierno aumenta la importación para este año de 2.100 millones de litros a 3.000 millones de litros.  Enarsa será el vehículo que incrementará el gasto fiscal en otros 1.350 millones de pesos que pasarán a engrosar el paquete de subsidios energéticos estimado en $18.000 millones para 2008. Las petroleras, sin intención de seguir perdiendo dinero con la importación directa de gasoil, podrán comprárselo a la firma estatal y eludir, en parte, la pérdida de traerlo a precio internacional. El gobierno estimó que la importación de gasoil de este año iba a ser de poco más de 2,0 millones de metros cúbicos. Hasta ahora se licitó la compra en el exterior de 1.200 millones de litros. Cammesa y Enarsa, las firmas que monitorea el mercado eléctrico, se comprometieron a traer 380 millones de litros y 400 millones de litros, respectivamente. Para dimensionar el salto en el consumo, tanto en la generación eléctrica como en el uso vehicular, el año pasado se importaron 1.000 millones de litros. Toda esta operación es a pérdida. Enarsa la hace a su nombre para luego revender el gasoil a las petroleras o a las grandes empresas que tengan máquinas de generación eléctrica. Cammesa lo destina a las centrales eléctricas.

2.    La oposición social

•    En estos cuatro meses surgió una oposición de origen social (denominado equivocadamente “el campo”). que reunía a grupos ruralistas diferentes entre sí (propietarios y arrendatarios),a sectores urbanos dependientes de cómo le vaya al campo. Y a sectores urbanos contrarios al gobierno, independientes de si tienen una vaca o una hectárea o ninguna.
Estos constituyen hoy la oposición social del gobierno que suman alrededor del 60 al 65% de la población.

3.    La oposición política

1.    Este conglomerado social no logró por ahora tener un clivaje en lo político. Ni siquiera el urbano que votó a Carrió o a Lavagna. En realidad, son manifestaciones opositoras al gobierno pero no eran en el 2007 una seria alternativa de poder.

2.    Se buscará ese clivaje y estará la oferta política de la oposición para seducir al sector rural. Es muy probable, que de ahora en más, las organizaciones políticas prestarán mucha atención a las propuestas sobre políticas agropecuarias.

3.    A partir del conflicto con el campo se abren posibilidades a la oposición. Si bien en el acto del campo en Palermo se observaba un arco demasiado extenso y contradictorio que iba desde la izquierda (MST, y PCR con grupos de CCC),  Carrió, el duhaldismo, sectores macristas y liberales.

4.    Sin embargo, fue notorio (existe un video) de cómo se le cerró la escalera a Carrió de acceso al escenario en que estaba la comisión de enlace y otros dirigentes ruralistas.
Luego hubo declaraciones críticas de Buzzi contra la dirigente de la Coalición Cívica.

5.    Esta dispersión opositora favorece al oficialismo que entra debilitado a un poco más de un año  que falta para las elecciones legislativas.
Es probable que al peronismo en su conjunto le vaya mal en las elecciones del 2009. Y en el interior (sobre todo en provincias como Córdoba, Entre Ríos, Santa Fé y Bs.As.) sean resistidos aquellos candidatos  que no jugaron a favor del campo en esta oportunidad.

4.    El justicialismo

•    El justicialismo continua siendo un árbitro de la situación. Y se sabe, que la relación entre el kichnerismo y el peronismo fue y sigue siendo compleja.  En la afiliación del peronismo al kichnerismo además de factores de interés político o personal, hay que agregar que la popularidad de Néstor Kirchner fue inhibitorio para evitar que el peronismo más tradicional no expresara sus diferencias con el entonces presidente. Inclusive Kirchner pudo desembarcar en el distrito más importante (la prov. de Bs.As.); y pudo cooptar a los caciques duhaldistas debido a esa popularidad.

•    Pero estos sectores y otros atravesaron el conflicto con el campo con una evidente, pero no pública en la mayoría de ellos, de manifestación contraria a la dirección del conflicto.

•    Para muchos peronistas y no peronistas el conflicto era exagerado en función de lo que se jugaba.  Y en un concepto central del justicialismo, el peligro de perder la armonía social, preocupaba seriamente a su dirigencia.

•    La pregunta a futuro son: ¿el gobierno podrá restaurar su relación con el Justicialismo y poder normalizar sus bloques legislativos ?. ¿El justicialismo seguirá considerando al kichnerismo como su conducción sin proponer cambios y desplazamientos (como D´Elia, Moreno,  e inclusive Alberto Fernández; etc)  ?

•    Si el justicialismo no sostuviera al kichnerismo, este se vería en una situación muy comprometida. Porque reforzando la Concertación no le alcanza para gobernar.
5.    ¿Qué hacer…?

•    El gobierno está ante un verdadero cruce de caminos. Debe decidir como recuperarse con una realidad complicada y un horizonte también complicado.

•    Los ajustes que deben hacerse supone una profunda introspección de la presidenta y el grupo de actores que tienen las mayores responsabilidades.  Es muy importante recuperar racionalidad y sentido común en la gestión.

•    En la agenda previa a la derrota el gobierno iba a poner en el debate público el proyecto de ley de Radiodifusión.

El gobierno no debe volverse a arriesgarse sin tener un cálculo previo de costo/beneficio sin utilizar el recurso apropiado de la política en tiempos fríos de la historia: la negociación. El conflicto es natural en un régimen democrático, pero este está sometido a reglas que la controversia no debe violentar. Si alguna de las partes no las respeta, es porque estamos en otro contexto político (prerrevolucionario o revolucionario), o manifestaciones de autoritarismo
La aparición de discursos y consignas guerreras, no hicieron más que descontextualizar el conflicto y favorecer al adversario. A la Mesa de Enlace le convenía que N.Kirchner cambiara los escenarios porque esto los desperfilaba más ante la opinión pública y convertía al “campo” en víctima. Es fundamental en comunicación política no amenazar sino se puede cumplir con la amenaza, porque termina siendo inocua.

Existe la posibilidad de que el vínculo entre gobierno y sociedad mediatizada además por una prensa que no le es favorable; no sea plataforma suficiente para impulsar el proyecto con el argumento de que el gobierno  quiere atacar la libertad de expresión (hay una predisposición psicológica en la opinión pública de creer esto)

•    Luego vendrá la ley de las leyes: el presupuesto para el 2009 y en el último  trimestre de ese año habrá elecciones legislativas que serán un verdadero test del gobierno de CFK.

Si bien el gobierno está debilitado, nada indica que no pueda recuperarse (imposible volver al escenario de Feb. ´08); pero es factible que suceda parcialmente si el gobierno hace una correcta lectura de su derrota. Esto supone para nosotros cambiar los procedimientos utilizados en pos de objetivos legitimados en las elecciones del ’07. Es decir, debería ratificar su proyecto, pero debe cambiar en utilizar medios que la sociedad rechaza. No plantear en forma excesiva sus controversias, y recordar su naturaleza reformista, en contexto actual y no remisiones al pasado.
Debe restaurar su política de alianzas y cerrar filas en el P.J. para evitar que el propio justicialismo se convierta en destituyente. Es posible que parte del equipo de gobierno que acompañó la al gobierno de Kirchner no esté preparado para esta nueva etapa.

Notas:
(1) Durante los cuatro meses que duró el conflicto, hubo de parte del gobierno varios propósitos enunciados. Desde la distribución del ingreso (la resolución propone la creación de un Fondo de Redistribución Social), el equilibrio entre los precios internacionales e internos de los alimentos, el pago de la deuda externa; etc, etc. Nunca quedó claro, cual era el propósito principal
(2) Para nosotros no es tan unívoca la comunicación   hoy en cualquier medio de occidente.  No lo es en términos ideológicos. Esto quiere decir que el dueño o autoridad de un medio no puede trasladar tan fácilmente como antes su cosmovisión o ideología sobre los periodistas. Si bien  este es un debate que merece ser particularmente discutido, no se puede poner en la misma bolsa a Van Der Kooy (en una postura más equilibrada) a Nelson Castro o a María Seoane que está a favor del oficialismo; y todos trabajan en el grupo Clarín conducido por Magnetto. Esto requiere de un análisis más minucioso y serio entre medios, periodistas, mensaje y recepción.

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4 Comentarios »

  1. No es positivo el voto del vicepresidente Julio Cobos

    La situación política en la Argentina, desde las 4.24 am del jueves 17 de julio, nuevamente, se encuentra ante el portal de la ruptura social.
    Un nuevo episodio de implosión gubernamental se suma a la inagotable historia de graves tropiezos para la sociedad de este país que no termina de ser.
    Tal vez, cuando la alegre descompresión social que generó el voto contrario a su propio Gobierno del vicepresidente Julio Cobos quede atrás, es posible que nuevamente la angustia se haga un lugar entre nosotros.
    El barco no podrá navegar adecuadamente desde la bifrontalidad.
    Si los conductores se empecinaran en ello, seguramente, no habrá buen puerto para los argentinos.
    Lamentablemente, la derrota política del matrimonio presidencial, de la que Cobos fue sólo el disparador, a partir de los gestos y las acciones previas de los derrotados, no parece haber generado en ellos más que nuevas visiones conspirativas.
    Ese puñado de aislados que gobiernan la Argentina recorren incansablemente la esfera de la especulación.
    En ese extraño mundo que construyeron se miran ante infinidad de espejos que les devuelven sólo las imágenes de ellos mismos con los colores y perfiles con los que les agrada imaginarse y verse.
    La actividad política, desde este último episodio, ha devenido en una suerte de tragedia griega porque la descomposición – quedó claro – está en el punto más alto de la conducción del Estado.
    El kirchnerismo, lejos de asumir la política como el arte del bien común o, por qué no, como el arte de la negociación en procura de una nueva regulación de intereses, la asumen sólo como el arte de lo posible y, para ellos, posible es todo.
    También lo es para no pocos dirigentes que con esa visión pragmáticamente demoledora han puesto fin a los partidos políticos como espacios adecuados para comenzar a discutir la cosa pública hasta imaginar políticas para proponer a la sociedad.
    Desde esa negación, o se enamoran sólo de sus propias ideas que pretenden indiscutibles o dejan en manos de pragmáticos think tanks nutridos de encuestadores, sociólogos, asesores de imagen y comunicadores discernir acerca del futuro.
    Hacen política sin el pueblo y hasta sueñan con sostenerse en la cima sólo a golpes de encuestas y acciones comunicacionales que legitimen públicamente la legalidad que poseen.
    La candidata presidencial – hoy Primera Mandataria – había sugerido con su discurso en tiempos proselitistas una madurez política que por estas horas duele verificar que sólo fue significada en esos términos en pos de alcanzar el poder, ese lugar en el que se acostumbró a vivir casi la mitad de su vida.
    No parece imaginarse en otro habitat. Tampoco el Primer Caballero que se recluyó en el lejano sur patagónico luego de la derrota, después de proponer ante un grupejo de tan insignificantes como perplejos testigos la renuncia de la Presidenta.
    Desecho hacer consideraciones éticas porque no serían más que reflexiones sobre la moral, que no es singular.
    Hay tantas morales como individuos y, hasta la falta de ella – la amoralidad – es también una de sus formas, la más preocupante porque exhibe códigos atados a una escala de disvalores que se pretenden como sentido común y trata de imponérsela al conjunto social construyendo desde absurdas categorizaciones, desde discursos intoxicados o vacíos, amigos y enemigos.
    Néstor Kirchner es el arquitecto de este corto capítulo de la derrota argentina.
    El ex Presidente es quien seleccionó y le impuso a Cristina Fernández a Julio Cobos como candidato a Vicepresidente.
    Es el titular del oficialista Partido Justicialista (PJ) que, desde la aburrida desocupación de Primer Caballero, diseñó la estrategia y movimientos tácticos del Gobierno de su esposa hasta borrarla de la escena pública y despojarla de legitimidad social en un semestre.
    Néstor Kirchner es también y a la postre, quien luego del voto negativo de Cobos la dejó en soledad para que lidere el fracaso de asumir, también, que las actitudes violentas de su esposo la convirtieron en una poderosa mujer maltratada que ha dejado atrás los tiempos en que hablaba de cuestiones de género.
    La cosa pública, para quienes no están habituados a compartir sus horas con los descensos en la consideración social, suele ser cruel.
    En el primer intento de hacer realidad la idea de “Cristina al Gobierno, Néstor al poder”, el patagónico estratega conoció el sabor del barro.
    Por su propia impericia Cristina dio muestras claras de no gobernar y Néstor, supo que el poder que exhiben los estadistas, es un ropaje que, hasta hoy, no ha sido diseñado para su talla.
    Incomprenden ambos – Cristina y Néstor — que es preciso dejar atrás la idea de lucha para aprender a escuchar.
    Incomprenden ambos – Néstor y Cristina — que es preciso elaborar hipótesis de convergencia, de cooperación y que para nada sirve continuar tejiendo hipótesis de conflicto.
    Sin embargo, no son pocas las evidencias acerca de que la incomprensión es una de las características de este momento argentino.
    En verdad, desde lo formal, nada ha cambiado, pero lo sucedido es relevante porque da cuenta que la crisis no nos abandona y que la fragmentación social es el dato relevante.
    La realidad policroma que se constituyó en torno del Monumento de los Españoles para hacer escuchar sus voces de rechazo a esas desafortunadas formas de conducción gubernamental del kirschnerismo es, sin dudas, es borgiana.
    Llegaron hasta allí por el espanto y en modo alguno amor o por coincidencias programáticas, ideológicas, desestabilizantes o destituyentes.
    Después del voto de Cobos, cada parte integrante de aquella concentración, sin dudas volverá hacia sus cosas, sus incumbencias, sus intereses sectoriales.
    Juntos, fueron más sólo hacerle saber al kirschnerismo que se acabó ese tiempo que nunca debió ser en que hicieron y deshicieron sin poner en común, sin debatir y con el propósito de desarticular hasta extinguirlas a las estructuras partidarias desde donde eventualmente pudieran emerger acuerdos o desacuerdos, pero que sí y sólo sí, son esos espacios en los que la cosa pública debe comenzar a ser analizada, estudiada y debatida.
    La actitud de Cobos, si bien tuvo sintonía absoluta con el sentir de millones, no es lo mejor que pudo haber ocurrido de cara a ese mañana en que aún restarán tres años y cinco meses para que junto a Cristina Fernández completen el mandato popular para el que se han comprometido juntos.
    El vicepresidente Cobos expresa una verdad a medias para construir un sofisma. Es cierto que él ha obtenido la misma cantidad de votos que la presidenta Fernández.
    Objetivamente, los sufragios que alcanzaron fueron para ambos en unidad.
    Los sufragantes, votaron por ese binomio presidencial para que conduzcan juntos porque con esa única promesa se presentaron social y políticamente a la consideración popular.
    Tanto a Fernández, como a Cobos, les faltan tres años y cinco meses para completar ese período de cuatro que comenzaron el pasado 10 de diciembre.
    La madrugada del pasado jueves sólo puso en blanco sobre negro la imposibilidad que hasta ahora tuvieron ambos para gobernar juntos a sabiendas de sus diferencias de origen y conceptuales en sus miradas políticas.
    No son responsables de ello más que ellos mismos que son quienes deberían encontrar unidos las herramientas suficientes para evitar las dificultades que otros actores políticos construyen en sus caminos.
    No hacerlo permite imaginarlos a ambos como responsables, por lo menos, de la falta de idoneidad suficiente para ejercer la política. Y, justamente, idoneidad, es el único requisito que la Constitución Nacional exige para el ejercicio de cualquier cargo público.
    Ha llegado la hora para que la sociedad argentina en su conjunto, como alguna vez lo propusiera Jean Paul Sartre, cuando el Mayo Francés del 68, se atreva a “expandir el campo de lo posible”, pero — me permito advertir en orden a lo expresado más arriba – a partir de la resignificación de lo posible con sentido ético.
    El voto del vicepresidente Cobos, también, ha institucionalizado la fragmentación social, las divisiones, los desencuentros, las incapacidades, las imposibilidades, las diferencias, las divergencias…
    Desde ese lugar habrá que continuar.
    Los ideólogos del kirchnerismo, como el resto de la sociedad, han descubierto que también son incapaces para emprender acciones en conjunto desde el reconocimiento de las diferencias.
    Es probable que en el Parlamento ahora comiencen a emerger pequeños bloques en los que converjan los que siendo el oficialismo no lograron caminar juntos o que, siendo opositores, sólo pudieron unirse para infligir una cruel, brutal, derrota a los Kirchner.
    El resultado de la votación no da cuenta de la existencia de un proyecto que estratégico alternativo ni propuestas para el conjunto.
    El kirchnerismo – si existiere – no ha sabido articular una iniciativa conjunta para proponer, desde el Partido Justicialista, al resto de la sociedad.
    Julio Cobos, por su parte, tampoco ha sabido compartir espacios con sus conmilitones de la Unión Cívica Radical donde hizo lo necesario para ser expulsado.
    Tanto los Kirchner como Cobos, son personajes sin veredas ni puertos para llegar o retornar.
    La sociedad argentina, entre tanto, tampoco logra superar los desencuentros.
    Tal vez sea cierto aquello de que “los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen.”
    Aquel voto madrugador que no fue positivo de Cobos, que muchos – quizás millones – han mirado, ponderado, celebrado y significado como un triunfo es sólo una muestra más del fracaso colectivo.

    Ricardo T. Rivas
    Mar del Plata, 20 de julio de 2008

  2. Brillante análisis, Ricardo¡
    A partir de aquí, planteo más dudas… que certezas.
    Preguntas:
    ¿Tiene el gobierno un proyecto político… o es un grupo conformado alrededor de la pareja presidencial que adapta su discurso y su acción a las circunstancias?
    ¿Tiene ese difuso conglomerado denominado “la oposición” - por los medios de comunicación - un proyecto político ? ¿conviven varios? ¿o terminará siendo depositario de un incipiente “reciclaje ideológico” de aquel viejo concepto de la Argentina “granero del mundo” vigente en el primer centenario, y que se pude leer de la pluma de unos cuantos columnistas representativos del pensamiento conservador argentino?
    La clase media ¿es una, o es un conglomerado fragmentando donde coexisten ganadores y perdedores luego de la catástrofe del 2001? ¿tienen homogeneidad de intereses un chacarero sojero rentista con un profesional urbano desocupado, subocupado o mal ocupado?
    El proletariado argentino ¿es homogeneo como clase, o existen ganadores y perdedores luego de la catástrofe del 2001?
    ¿tienen los mismos intereses un chagarín, un obrero de la construcción o un trabajador de la planta de Toyota?
    ¿A todos les sirve de la misma manera la intervención del estado para regular la economía, sostener el crecimiento y redistribuir la riqueza?
    ¿Puede ser que la intervención del estado le sirva más al chagarín, al trabajador de la construcción y al profesional “proletarizado”, que al chacarero sojero y al trabajador de Toyota?
    ¿Los últimos, serían solidarios con los primeros?
    En definitiva: ¿cómo se construye un proyecto de nación?.
    Porque la nación es incluyente por definición. El “apartheid” es un régimen que solo se aplica a los protectorados, semicolonias o colonias.

  3. Estimado Ricardo:
    Además de leer su blog, lo escucho por Cooperativa con el amigo Contissa.
    En la página http://www.revista-zoom.com. ar publiqué una nota (”Con los bombos no alcanza”) con la siguiente hipótesis: las negociaciones de Alberto Fernández, el envío del proyecto al Congreso, y los resultados en Diputados, además del clima social que se habían generado, constituyeron sucesivos retrocesos para el Gobierno. Toda negociación es una mediación, pero aquí sólo hubo repliegues, jamás avances. La votación en Diputados tuvo un resultado agónico, en el que incluyo el extraño proceder del “progresismo”.
    En ese marco, y aún conteniendo la forma que tiene K de hacer política, que de eso no estoy muy seguro, me parece que un empate en el Senado era una verdadera derrota. Sospecho incluso que unos cuanto sne Palermo pensaron en reditar la situación de diciembre 2001: sólo se requería tirar un fósforo, y las multitudes de Castells, Ripoll, etc., se hubieran lanzado a quemar el Bundestag.
    Quiero creer que Kirchner tomó el empate como derrota. Y que el voto de Cobos no le resultó tan sorpresivo como se intenta presentar. Me permito ser ingenuo.
    Lo saluda,
    Jorge Devincenzi

  4. Y agrego:
    De no ser así, Kirchner está totalmente loco. Y prefiero creer que nos gobiernan los cuerdos.

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